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(escleral)

La superficie ocular ha de estar correctamente humectada para proporcionar una calidad de visión óptima y confort visual. Para esto es preciso que la producción de lágrima sea suficiente, que su composición sea la adecuada y de que se distribuya de forma uniforme por toda la superficie ocular.

Si existe un déficit de lágrima, o su composición y/o distribución no son las adecuadas, entonces se produce el denominado ojo seco. Las alteraciones oculares pueden ir desde la formación de pequeños defectos puntiformes en la primera capa de la córnea (epitelio) y conjuntiva (queratitis), hasta defectos mayores o úlceras corneales que pueden asociarse a un adelgazamiento corneal, con cicatrices permanentes e incluso perforación ocular en los casos más graves. Además el ojo seco se acompaña en mayor o menor medida de cierto grado de inflamación.

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En los últimos años las lentes esclerales han supuesto una herramienta de gran utilidad en el tratamiento de estas enfermedades, más aún cuando existe un déficit de lágrima. Las lentes esclerales forman una bóveda sobre la córnea y separada de ella, de modo que, al estar llena de suero fisiológico, mantiene la hidratación corneal al actuar como reservorio de lágrima, previniendo la formación de úlceras, mejorando el confort y aumentando los tiempos de instilación de lágrimas artificiales.

El reservorio de lágrima puede ser utilizado por el oftalmólogo para albergar diversos fármacos así como suero autólogo, aumentando su biodisponibilidad y ayudando a la regeneración corneal.